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22 julio, 2011 / Ricardo López, Licenciado en Administración.

Una plática común.


– Eres un idiota, ¿Cómo es que no puedes valorar todas las cosas que hago por ti? ¿Acaso estas siego o no te importa?. –

Dijo ella, cuando él estaba acostado sobre su cama.

– Pero como puedes decir eso, – contesto. Tu sabes que todas las cosas que hago las hago por ti. –

– ¿Qué?, ¿Cómo puedes decir semejante mentira?, si tú mismo lo dijiste Cesar, acaso no te pregunto Felipe del porque habías ido al parque, cuál fue tu respuesta. No fue que también ibas porque tenías amigos que te gustaba saludar. Así que no digas que solo haces cosas por mí. –

– Tú bien sabes que yo no soy una persona mal educada, si ellos me saludan yo les saludo. –

– Eso mismo fue lo que me dijiste cuando te dije que tu amigo Julio había comentado una de nuestros escritos en el Facebook haciendo burla de nosotros. –

– Pero mi amor, si tú sabes que le dije que no lo hiciera. –

– ¡Sí!, claro que si, después de que te reclame por más de tres horas, es que jamás me entiendes.

– Pero entiéndeme, ¡yo no puedo cambiar a la gente! –

– En ningún momento te pedí que lo cambiaras, te pedí que le dijeras que con lo nuestro no haga ese tipo de comentarios. –

– Mmmmm… pero de todos modos, no afectaba nuestra relación ni a nosotros, solo fue un comentario. –

– Es que, ese es tu problema. –

– ¿Cuál? –

– No le tomas importancia a lo que pasa con nosotros, a nuestras cosas, a mis cosas. –

– ¿Qué no le tomo importancia?, si siempre he estado contigo desde el inicio, jamás te he dejado un momento sola. –

– En una relación, a veces eso no es suficiente Cesar. –

– Pues no  sé qué es lo que tú quieras, a veces pareciera que solo me buscas para discutir, para pelear.

– Yo te doy todo lo que tengo. –

– Yo También. –

– Te amo mi amor, ¿discúlpame si? –

– No bebe, no te preocupes. ¿Nunca me olvides si? Ni nunca te alejes de mí.

– No mi amor, jamás lo are.

– ¿Mañana te veo sale?, para ir a comer nuestros algodones al parque.

– Si bebe, hasta mañana mi amor. Descansa.

Termina la llamada, ella se queda abrazando un cojín en su sala oscura donde apenas el claro de la luna entra sobre las cortinas de seda cuando el viento las menea de un lado a otro. Suspirando y viendo hacia la luna preguntándose el por qué él es así, porque no entiende lo que ella siente, porque, porque… Porque.

 

 

 

El por su parte, tira el teléfono a un lado de la cama, lo observa detenidamente por unos minutos, sierra sus ojos lentamente con cada segundo que pasa. Se duerme pensando en que es lo que hace mal, donde está su error e imaginando la salida de mañana.

2 comentarios

Dejar un comentario
  1. omii signorelli / Jul 27 2011 4:32 PM

    wooo encerio como te dije, me emociono leyendo lo q escribes

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