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8 agosto, 2011 / Ricardo López, Licenciado en Administración.

Al comienzo de mi ritual.

miedo, terror, rostros y personas en la oscuridad

Hace unos días comencé a ver fenómenos que no eran de costumbre en mi casa, fenómenos que empezaron a llamar mi atención y sintonizar todos mis sentidos en ellos, no sabía lo que hacía solo quería saber que había más haya de ellos.

El ritual comenzó a las doce de la noche un martes 26 de julio del presente año, en mitad de la noche a las afueras de mi casa bañándome con los rayos de luna en el centro de un circulo dibujado con gis blanco el cual estaban cubierto por doce veladoras blancas, todas ellas ardiendo sin parar y al centro dos cirios blancos de los cuales tenía que apoyarme para que no me pasara nada.

Poco a poco el ritual cobraría fuerza debilitando a los seres de luz e invocando a las almas del purgatorio. Los primeros llantos comenzaron a surgir, en silencio escuchas como te arrojan las piedras, chocan contra las paredes y rebotan en el piso dirigiéndose hacia ti, pero jamás las ves, es algo que solo puedes sentir.

¡No! No voltees a buscarlas,

puede que solo sea una trampa.

La penumbra cubre mi ser ahora, los rayos de luna me lastiman. No sé que estoy haciendo pero no quiero parar, debo de saber que o quien causa esos extraños gemidos en la oscuridad, ¿escuchas los gatos maullar?, no, esos no son gatos… son almas de bebes que han sido sacrificados en los rituales satánicos, mismos que tuvieron lugar donde estoy parado.

Las doce campanadas anuncian el comienzo de lo oscuro, anunciar el reino de las almas desventuradas que poco a poco empiezan a hacerse notar. No son como las imaginas.

Sus rostros están llenos de dolor,

de angustia y desesperación.

Las siluetas dibujadas en los cuentos jamás reflejaran lo que esta noche estoy viendo. Todos ellos están muertos, no pretendas continuar.

Se escucha un silencio infernal, los gatos dejaron de maullar, las piedras no caen más… solo queda el sonido del viento moviéndose en la oscuridad, los arboles empiezan a danzar cuando este los comienza a rodear. Voltea y ve aquel árbol gigante, empiezas a ver como los niños empiezan a jugar entre las ramadas, ¡qué curioso¡ ninguno de ellos escapa de la soledad, son prisioneros en un mismo lugar, escucha como sus rizas empiezan a atravesar tu cabeza y no te los puedes quitar, escucha como no están riendo… son llantos que jamás podrás olvidar.

 

No te rindas, aún hay mucho por contar.

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